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Faltan sacar de la desnutrición a 488 mil niños

Publicado: 2012-06-11

Disminuye desnutrición crónica en los niños menores de 5 años (El Peruano 24/05/2012)

Refundida en la sexta página del diario El Peruano -que es en general un instrumento poco efectivo de propaganda del gobierno de turno- del jueves pasado, encontramos la mejor cobertura de prensa del principal hallazgo de la más reciente Encuesta Demográfica y de Salud Familiar (ENDES): el porcentaje de niños desnutridos crónicos disminuyó en 2.7 puntos porcentuales el año pasado y en 7.4 puntos porcentuales cuando se la compara con el año 2007.

Disminuir la desnutrición crónica es sin duda algo positivo, pero es chocante que en un país cuya economía ha sido una de las más dinámicas del mundo en la década y cuyo sector público no sabe como (mal) gastar la mayor bonanza fiscal que ha tenido, por lo menos desde mediados del siglo XIX, aún son desnutridos crónicos 15.2% de las niñas y niños menores de cinco años (ver gráfico). Para que quede más claro, estimamos que 488 mil chiquilinas y chiquilines, menores de 5 años, son desnutridos crónicos. El porcentaje de niños desnutridos es el doble de la de peruanos en pobreza extrema, lo cual refleja que los más pequeños sufren desproporcionadamente las consecuencias de la pobreza. Esto no es aceptable.

La gran mayoría de estos niños y niñas, junto a otras y otros que consiguieron la inusual hazaña de salir de la desnutrición infantil, ya sufrieron daños irreversibles o serios perjuicios. Sus cerebritos no se desarrollaron como podían, antes de salir del vientre materno, inclusive. Tendrán mayor dificultad para abstraer y captar conceptos. Su desarrollo físico será generalmente más lento. Se enfermarán de mayor gravedad y con más frecuencia. Algunas de estas enfermedades podrán quitarles la vida, dada su menor resistencia por su condición de desnutridos crónicos. La desnutrición crónica se mide por el menor peso y/o talla de los niños en relación al promedio de la población de referencia. Las cifras del gráfico adjunto se refieren a la desnutrición medida por insuficiencia significativa de talla (técnicamente, dos o más desviaciones estándar debajo de la media).

Los niños desnutridos generalmente seguirán midiendo y pesando menos al crecer. Estarán, por ello, menos preparados para actividades físicas, que son a las que se dedicarán mayormente dada su inadecuado desarrollo cognitivo. La mayoría no recibirá educación inicial, pese a que el programa Cuna Más es un paso en la dirección correcta. Los que eventualmente vayan a los colegios públicos generalmente recibirán una educación deplorable que sólo empeorará sus limitaciones cognitivas. Probablemente, la mala educación que recibirán se deberá en parte a que les enseñarán profesoras o profesores que fueron niñas o niños desnutridos crónicos. Es decir, lloverá sobre mojado.

En la jerga económica se dice que hay “transferencia intergeneracional de la pobreza” cuando se da el círculo vicioso descrito en el párrafo anterior. Resulta muy difícil (pero no imposible) luchar contra este círculo vicioso buscando emparejar las oportunidades de progreso de quienes no las tienen o no están preparados para aprovecharlas, por las groseras fallas de Estado que enfrentamos en nuestro país. Pero hay que ser aún más explícitos en realidad. Hay que recordar constantemente, como dice el título de un libro del profesor Enrique Vásquez de la Universidad del Pacífico, que los niños son primero. Que es un imperativo moral diseñar, ejecutar y evaluar políticas públicas para priorizar la erradicación de la desnutrición crónica infantil. Que, parafraseando al Premio Nobel Amartya Sen, no seremos peruanas y peruanos libres mientras existan niñas y niños desnutridos crónicos en nuestro país.

El INEI indicó que los logros en desnutrición se debieron al accionar de los programas sociales. Considerando la magnitud de los recursos fiscales que tenemos disponibles y la importancia capital de eliminar la desnutrición crónica infantil, los modestos avances no nos parecen un logro. Tampoco es claro que sean los programas sociales los que explican lo poco logrado. No existen cifras que permitan afirmarlo ni negarlo y la mayoría de los programas sociales son ineficientes, y mal focalizados. Además de los problemas de corrupción y ausencia de evaluaciones independientes. Los programas sociales deben ser reformados y repotenciados. La reforma de Gestión por Resultados es una de las herramientas para acercarse a este objetivo. El MIDIS ha hecho bien en enfatizar el tema y merece todo el apoyo.

Aspiremos a identificar, con nombre y apellido, a niñas y niños desnutridos crónicos. Identifiquemos los programas sociales o los componentes de otros dedicados, directamente o indirectamente, a enfrentar esta lacra (ver cuadro). Publiquemos los padrones de beneficiarios. Evaluemos independientemente todos los programas o componentes relevantes. Monitoreemos mensualmente su evolución. Exijamos a los políticos que presenten esta información y que rindan cuentas de los resultados.

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Análisis económico y acerca de políticas públicas